Te quiero pero te odio

Parte 1: Odio

Siempre sabemos como empezamos pero nunca como acabaremos. La vida es como una peonza, sabes en que lugar la has dejado pero no sabes ni cuando, ni donde acabara. Mónica tenía claro como había empezado su vocación hacia la música. Su tío la había inculcado desde pequeña aquella pasión. Aquel estilo de vida como solía decir ella. Recuerda sus comienzo, aquellas clases de violón que llenaban las vacías tardes de invierno. Recuerda sus años de adolescencia, sus comienzos en el conservatorio, la primera vez que toco en la orquesta de su ciudad y más tarde en la de Nueva York, Paris, Roma, y Dublín. Había alcanzado una reputación envidiada por unos e inalcanzable para otros. Pero para Mónica la única opinión que contaba era la de su tío Jaime, su seguidor principal y su primer profesor.
Pero una fría noche de invierno, su vida cambio. Aquel accidente cambio su rumbo. Dicen que una mariposa que bate sus alas en Japón puede producir un terremoto o cosas mucho más peores en San Francisco. Pero para Mónica solo basto el hielo de la carretera y ese accidente de coche. Esa misma noche ella estaba en el conservatorio de San Sebastián, su ciudad natal. Era la invitada de honor. Jaime decidió ir a escucharla tocar aprovechando esa actuación. Pero el hielo jugó una mala pasada al vehículo que conducía él. El coche patinó en una placa de hielo. En él iba Jaime solo, no tenía familia salvo a Mónica y los padres de ella. Tenía sesenta años y era profesor de música en el conservatorio de su ciudad. Vivía por y para la música. Mientras el vehículo daba vueltas de campana el único pensamiento de Jaime fue para su única sobrina y su difunta esposa, Lucía. Lucía había muerto de un cáncer de pulmón cuando llevaban solamente 3 años de casados. Esto último le destrozo y su único consuelo era la música, su vía de escapatoria al sufrimiento. Su último respiro fue para ella. Su amada esposa le esperaba desde hace años con los brazos abiertos. Jaime quedo tendido en el asfalto, muerto, sin ninguna posibilidad de reanimación.
El concierto empezó sin Jaime, su sobrina tocaba sin saber aquel accidente. Al terminar, entre los aplausos le comunicaron la noticia que la desgarraría por dentro. Desde aquel día Mónica dejaría de tocar el violón. Dejo atrás años de preparación, de ensayos, de pruebas lo cambio por un luto permanente que nadie podía curar. Una herida abierta que no sanaba con los años. Intentaba olvidar lo sucedido pero no podía. Se sentía sola en un mundo que ni ella misma comprendía. Su música se apago con el último suspiro de Jaime.

Dos años pasaron de la repentina muerte. Dos años de supervivencia. Dos años del olvido. Mónica cambio el violón por informes. Clases por ordenadores y compositores por jefes malhumorados. Su vida transcurría entre los papeles de ingreso de futuros alumnos en el conservatorio de San Sebastián. Se había convertido en secretaria y se encargaba del papeleo que tenían que organizar los aspirantes a entrar. Se escondía detrás de un despacho desde el cual podía oír y sentir la música. Había cortado con cualquier relación con la música, su pasión. Se encerró en aquel mundo gris.

Sus padres se habían acostumbrado a verla todos los días a verla, ahora solamente, una vez al mes. Su novio Hugo se había acostumbrado a la monotonía de su relación. Aquella misma noche el mejor amigo de Hugo, Pablo, llegaba después de cinco años viviendo en Paris. Era abogado y se había exiliado estos últimos años a Paris para olvidar. Mónica no lo conocía ya que Pablo se fue a la ciudad de la luz cuando ella empezaba a salir con Hugo. Lo único que sabía de su invitado era por su pareja. Hugo contaba grandes maravillas de él, anécdotas, noches de marcha, bromas... Lo consideraba un hermano. A decir verdad Mónica no le apetecía conocerlo. No le apetecía ponerse aquella masacra de falsa felicidad, falsa sonrisa para Pablo. Lo único que quería era encerrarse en su cama y dormir hasta el día siguiente y olvidarse de todo y todos. Pero hoy se había forzado a sacar su cabeza de aquel pozo sin fondo y hacer feliz a su novio. Ella pensaba que se merecía una agradable actitud, era el único que había estado a su lado en los peores y mejores momentos de su vida y él único presente activo de su vida anterior. Hugo había preparado todo hasta el último detalle, desde el restaurante hasta la ropa y el baño de Mónica. Hugo era detallista y sabía el sufrimiento de su novia pero nunca había intentado persuadirla de su decisión de aparcar la música. A decir verdad, nunca la había apoyado en nada. Se limitaba a prepararle un espumoso baño los viernes a la noche. Nunca se había parado a escuchar lo que ella encerraba en su interior, solo vivía junto a ella en silencio. Pero la mascara de Pablo se iba a caer para la pareja en esa cena. Porque la verdad es más poderosa que cualquier mentira y siempre sale a la luz.
Sin que ella se diera cuenta Hugo la miraba de reojo. No hacia falta ser inteligente o adivino para saber que algo había habido entre Pablo y Mónica esa misma noche, delante de él. Eran mundos opuestos que chocaban con tanta violencia pero a la vez con tanta pasión. Pero Hugo ignoraba el pasado que los unía y los separaba a la vez.

Cuando Mónica dio el primer paso en aquel fatídico restaurante no se podía imaginar quien era realmente Pablo. Su cabeza no había relacionado ambas informaciones. ¿Pero que hacia él ahí? Se preguntaba sin cesar la violinista.

La cena se convirtió en un vaivén de respuestas opuestas por parte de Mónica y Pablo. Hugo servía de árbitro en aquel debate inocente que dejaba entrever las rendijas del pasado. Mientras esperaban el postre en un mar en calma pero cargado de miradas interrogantes Hugo se fue fuera del restaurante a fumar. Necesitaba distraerse de aquel ambiente que había empañado sus expectativas. Cuando él salió a la calle Mónica miro a Pablo con aquellos ojos desconocidos para él. Habían cambiado tanto desde aquel día. Antes eran inocentes, alegres hoy eran temerosos y sobre todo nostálgicos:

“Sabías quien era yo – Dijo con frialdad la joven.
- Mónica, te juro que no sabía que la novia de mi mejor amigo eras tú. Lamento causarte más dolor.
- ¡Me dijiste que no ibas a volver más! ¡Que debía olvidarte! ¡Me dejaste en el peor momento! – Gritaba Mónica.
- Tranquilízate... - Le puso su mano sobre la suya pero a velocidad de vértigo ella aparto la suya y la escondió debajo del mantel. En realidad no quería que viese como sus dedos temblaban por él. Su cuerpo quería estar cerca del cuerpo de él pero su mente le gritaba que se apartase. – No sabía lo de tu tío. Lo siento.
- ¿Lo siento? ¿Esa es tu respuesta? ¿Sabes cuanto he sufrido por ti?
- Lo se. Pero cuando sepas todo entenderás.
- ¿Entender el porqué te fuiste sin decirme nada? ¿Entender porque no me llamaste? – Mónica solo podía susurrar. Su voz se negaba a obedecerla, se sentía aquella niña desprotegía que buscaba abrigo en los brazos de él.
- ¡Mi familia me aparto de ti! – Alzo la voz Pablo. Mónica lo miro con furia.
- ¿Por qué no me llamaste?
- No podía. Me enviaron a Paris, me dejaron en una familia de acogida. He vuelto cuando he podido ahorrar. Pensaba buscarte. ¡Mónica créeme! ¡Para mí tampoco fue fácil! Te quería. Perderte fue lo más doloroso que me ha pasado, al cabo de unos años sigues siendo mi primer pensamiento al despertar.
- ¿Por qué...?”

Las palabras de Mónica quebraron entre sus labios. Pablo la estaba besando como ella recordaba. Con pasión, lujuria, deseo. Un deseo maduro, menos inocente y más seguro. Sin saber como, ella le respondió a ese beso con otro. Nostálgico, afrutado, alocado. Porque Mónica antes era una joven jovial, alocada y feliz con el curso que llevaba su vida. Aquella Mónica del pasado que había desaparecido durante esos cinco largos años volvía con más fuerza. Ambos no oían los comentarios de las otras mesas. No les importaba. Se miraron a los ojos. En realidad no habían cambiado para el uno y el otro. De repente Mónica salió con prisas hacia los baños. Quería ocultar las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Se encerró en aquel minúsculo baño y dejo que todo fluyese. Aquel amor de juventud había vuelto. Volvía para quedarse. ¿Cómo podía esconder aquella verdad? Porque bajo aquellos sentimientos y aquellas huellas borrosas había una verdad desconocida para Pablo. Ya no tenían el abrigo del amanecer y ambos habían aprendido a convivir con el dolor de los años. Lo que no sabía Pablo era en que se habían convertido aquellos besos robados debajo del tejado donde fueron más que amigos.

Cuando Hugo volvió se encontró a Mónica y Pablo callados. Pero aquel silencio duro poco, una llamada al teléfono de ella corto el frio ambiente.

“¿Sí? Ahora vamos. – La violinista cortó la llamada.
- ¿Quién era? – Pregunto Hugo.
- La niñera, Joan tiene fiebre. Deberíamos irnos...
- ¿Joan? – Pregunto a su vez Pablo.
- El hijo de Mónica. – Respondió con una sonrisa Hugo. Aquel niño era como un hijo para él.
- No sabía que habíais tenido un hijo.
- No es mío, tiene unos cinco años así que imposible. Solo conozco a Mónica desde hace tres –Contesto la pareja de ella. Pablo la miro con ojos interrogantes.
- Nos vamos, encantada de conocerte Pablo. ¡Adiós!”
Todos se dijeron adiós con prisas como si les persiguiera. La realidad era que la verdad iba detrás ellos.

# Posté le mercredi 09 septembre 2009 19:56

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14 de agosto, concierto de la Oreja de Van Gogh...

El mejor concierto de mi vida. Ellos entregados la publico. Canciones que me sabia de memoria, la piel de gallina, casi en primera fila, casi pudiendo tocar aquellas notas tocadas por Xabi y compañia.
Una noche perfecta. Una noche magica.
Después de varios años sin poder tocar en su tierra, el grupo donostiarra se entrega a su febril público.
La Zurriola abarrotada, Sagues se une a la melodia, y Santa Clara recuerda aquella cancion que habla de ella y de un sueño roto.
Aplausos, gritos y entre la muchedumbre un beso fugaz en el preciso momento que Leire canta la Primera Versión. Aquella primera versión que todos hemos tenido. El público baila, y pide otra cancion más y ellos conceden lo que nosotros pedimos. Pero el concierto se acaba, y yo me quedo con el sentimiento que puedo contar con él gracias a aquella cancion. Que a sido el mejor concierto de mi vida, porque lo he visto entre sus brazos y de vez en cuando le he robado un beso y Leire nos a mirado divertida y nos ha sonreido. Para decir la verdad estabamos bastante cerca y visibles. No hay mucho merito la verdad.

Pero yo me voy feliz, porque por en esos momentos he tocado la felicidad con mis dedos y he visto el concierto a tres metros sobre el cielo.

Una de mis mejores noches de mi vida...
Porque cuando él esta sentado en el suelo sin pensar que puede contar conmigo...
***
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# Posté le lundi 24 août 2009 19:03

echar de menos

echar de menos
No sabemos cuanto dependemos de una persona hasta que no se va a unos dos mil kilometros de nosotros. justo en ese momento recordamos aquellos gestos, anecdotas, curiosidades de aquella persona que tenemos a nuestro lado. Cuando vemos su foto se nos dibuja una sonrisa, una sonrisa llamada recuerdo. Y sonreimos para nuestros adentros recordando sus miticas frases, recordando sus gestos, recordando que sus defectos son cualidades ante nuestros ojos.

Y recuerdas como te llama conservadora por elegir siempre el mismo sabor de helado, como se reía viendote comer, como te miraba durante horas, como se comía la cabeza con sus ideas de otro mundo, como te sentías segura entre sus brazos aunque estuvieses con vertigo, como te buscaba entre la multitud y al verte sonreía, como tardaba en elegir que comer, la forma de su espalda, la forma en la que se sentaba, el hecho de que siempre iba al lado de la ventana, como esperaba que el tren se fuese de la estación para comenzar sus trayecto lejos de tí.

Tantas anecdotas, que uno recuerda cuando esa persona está lejos. Pero en dos semanas vuelve y con él todos aquellos recuerdos inborrables.

Por tanto no hay que perder la esperanza porque la distancía muchas veces nos acerca a la persona que queremos. Y cuando no está a nuestro lado entendemos hasta que punto queremos a esa persona.
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# Posté le mardi 14 juillet 2009 07:17